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2020-12-02

El modernismo en Sitges

by Sitges Group Apartments

Aunque su historia tiene siglos de de recorrido, hoy nos centraremos en uno de los movimientos artísticos más destacados de Cataluña que, en Sitges, alcanzó un gran esplendor: el modernismo catalán. Cuando la visites, hacer la ruta modernista es un imprescindible que no puedes perderte si quieres vivir la Experiencia Sitges al completo.

Sitges, una localidad milenaria encaramada sobre el Mediterráneo, a espaldas del Garraf, siempre luminosa y con aires veraniegos. Un pueblo costero que esconde un rico patrimonio histórico y cultural que, de hecho, no todos conocen cuándo lo visitan. Y esta faceta cultural es, sin duda, un reclamo turístico que logra atraer a muchos curiosos más allá de las playas y el buen ambiente de la localidad. 

Qué es el modernismo

El modernismo (también conocido en francés como Art Noveau), es una corriente artística de finales del siglo XIX y principios del XX que abarca distintas disciplinas como el arte, la literatura o la arquitectura. En aquella época, había cierto rechazo hacia los valores éticos y estéticos tradicionales y a la industrialización, con la que se estaban perdiendo valores como la artesanía y se sustituye la búsqueda de belleza por la funcionalidad. 

En la arquitectura, este estilo se basó en explotar las posibilidades constructivas de materiales contemporáneos, como el hierro y el cristal, y se utilizaba con frecuencia elementos que representaban la naturaleza y la vegetación como ornamentación. Además, se caracterizaba por tener formas asimétricas, trazos entrelazados y líneas sinuosas para crear edificios que fuesen obras de arte. En definitiva, el modernismo arquitectónico fue un movimiento exótico para la época que buscaba embellecer la decoración, el mobiliario, el interior y las fachadas de las casas y edificios.

La ruta modernista de Sitges: nuestras  recomendaciones

Sitges atravesó un sinfín de cambios culturales, sociales y económicos a lo largo del siglo XIX que cambiaron la localidad. Las inversiones de los indianos enriquecidos por el comercio con la América española, la exportación de vino de la comarca o la llegada del ferrocarril hicieron que muchos se sintieran atraídos por Sitges.

 

1. Museo del Can Ferrat: visita obligada

Uno de estos curiosos fue el artista Santiago Rusiñol, el mejor embajador que haya podido tener Sitges nunca. En 1898, se instala permanentemente en el pueblo y, para ello, se compra y rehabilita una casa de pescadores junto al mar. Allí, llevaría consigo su colección de pinturas y de forja, convirtiendo al Cau Ferrat en una casa-taller mágica y auténtica y en el epicentro del modernismo catalán. En la actualidad podrás encontrar muchas de sus maravillosas obras y sentir el la esencia de Rusiñol: puedes imaginarte al artista en sus tertulias, pintando y creando. ¡Es imposible no sentir la inspiración!

 

2. Palau de Maricel: visita obligada

Podría decirse que Rusiñol fue el mejor embajador de Sitges, ya que ayudó a activar la cultura e invitó a destacados artistas, los más ilustres del panorama artístico de la época como Ramón Casas. Además, su amigo Charles Deering, multimillonario americano, sufragó la increíble obra de arte que es el Palau de Maricel, construida en 1910. Esta se convirtió en su residencia en la localidad costera, que abandonó en 1921 de manera abrupta llevándose consigo toda su colección. 

Fue una obra encargada al arquitecto Miquel Utrillo y, realmente, no podemos decir que sea una edificación puramente modernista, ya que combina distintos elementos de movimientos artísticos de la historia española. Se construyó sobre el antiguo hospital medieval de San Juan y se combinó el estilo nuevocentrista y el modernista. Se compone de dos grandes bloques: el Maricel de Mar, actual Museo de Maricel, y el Maricel de Terra, el palacio como tal. Los principales espacios son el Saló d’Or, el Saló Blau, la Sala Capella, la Sala Vaixells, las terrazas y el impresionante claustro, donde podemos contemplar una espléndida vista del Mediterráneo.

 

3. Casa Bartomeu Carbonell i Bussons

Esta casa podrás encontrarla fácilmente paseando por las callejuelas del centro de Sitges. Fue residencia de uno de estos ricos indianos, en este caso importador de tejidos, que contribuyeron a la modernización y desarrollo de la localidad. Los elementos más característicos son su torre del reloj, colocada en la fachada que da a la plaza Cap de la Vila en la esquina del Carrer Major, y el trencadís, una técnica popularizada por Gaudí que consta de un mosaico de cerámicas de colores. 

 

4. Casa Bacardí

¿Os suena el Ron Bacardí? Seguro que sí. La familia Bacardí tiene sus raíces en Sitges, donde nació su fundador Facundo Bacardí Massó,  que hizo fortuna comerciando con el ron de Cuba y revolucionó esta industria en el siglo XIX. El edificio está situado en la plaça de l'Ajuntament y ocupa el lugar del antiguo Mercat Vell de Sitges, un edificio de 1890. En Casa Bacardí, podrás hacer la visita guiada por el museo, en el que cuentan la historia de esta famosa marca de ron. Además, ¡aprenderás a elaborar deliciosos cocktails en su taller! 
 

5. Bodegas Güell

Si dispones de tiempo en tu visita, no puedes perderte las Bodegas Güell (Celler Güell), situadas a las afueras de Sitges en el rocoso paisaje del Garraf. Este es un conjunto de construcciones modernistas de piedra caliza gris en las que encontrarás una bodega (actualmente un restaurante), una capilla y una residencia familiar. De hecho, las bodegas se crearon en el siglo XIX por Antoni Gaudí y su discípulo Francesc Brenguer. Las bodegas destacan por sus hierros forjados y arcos parabólicas, referencias de la época medieval, y por la piedra caliza que logra que el conjunto se mimetice con el paisaje rocoso del Garraf.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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